lunes, 21 de diciembre de 2009

Otredad

- A los 50 años me llegó el sentimiento de otredad. Los amigos me parecen otros, mi esposa me parece otra, todos me parecen otros- contaba uno de mis innumerables compadres el otro día viendo el atardecer en Melipilla.
- Pero tú y nosotros también somos otros- intervino un primo. El otro día fui al médico y, mientras me atendí, observé en su diploma que su nombre y los dos apellidos coincidían con los de una compañera de curso del colegio. Claro que, como se veía tan vieja, pensé que debía ser su madre, aunque coincidieran los dos apellidos. Me atreví entonces a preguntarle si en 1967 ella había vivido en San Antonio. ¡Claro que sí!, me respondió. Yo estudiaba en el colegio Andrés Matías III. Entusiasmado le digo: Pero si ese año yo iba al mismo colegio. ¡¿No me diga?! ¿y qué materia dictaba? me preguntó la vieja estúpida.
A veces las mismas cosas parecen otras. Un proyecto puro que se evalúa a una tasa de costo de capital ponderado cambiante cada año en proporción al porcentaje de deuda que queda por pagar en cada período, debería dar el mismo VAN que el del flujo del inversionista calculado a la tasa de costo de capital propio. Mientras el primero incluye en la tasa el efecto de la deuda, el segundo lo considera en el flujo. El que sí muestra otro resultado es el VAN del proyecto puro calculado a una tasa de costo de capital promedio ponderado que supone que la estructura deuda/capital se mantiene constante a medida que pasa el tiempo.

2 comentarios:

Mario dijo...

Gracias por la aclaración profe. Siempre tuve una duda sobre esto ¿Tiene algún ejemplo para verlo?
Mario(Buenos Aires)

Nassir dijo...

Envíame tu mail y te lo envío Mario....aunque no es mío sino de mi buen amigo Fernando Romero