martes, 23 de marzo de 2010

El diente de oro

Cuando mi abuelo nos pidió que lo ayudáramos, financieramente, a colocarse un diente de oro, todos le dijimos que sería botar el dinero y que optara por un implante normal.
- No pues- nos responde. Si es cualquier diente, ninguno de ustedes pensaría siquiera en extraérmelo después de muerto, pero si es de oro, se pelearían por sacármelo antes de que me entierren.
- Yo te lo financio- le respondí apresuradamente- pero con una condición: tu me compras el alicate.
-¡¿Qué?!- me grita mi esposa con esa cara de espanto que le oculta sus arrugas.
- Obvio. Si lo que se deprecia será el abuelo, pero no el diente. Además, me quedo con un alicate e, incluso, el oro es una buena inversión- le explico con una mirada de superioridad.
- El divorcio...por favor, dame el divorcio- me dice llorando delante de todos.
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Al adquirir un activo para un proyecto, junto con su precio, debemos pagar el impuesto al valor agregado, IVA . Cuando vendemos el producto elaborado con ese activo también le agregamos el IVA. Sin embargo, la empresa actúa solo como intermediaria entre el fisco y el consumidor final y todo lo que recauda (débito fiscal) por sobre lo que paga (crédito fiscal), debe entregarlo al fisco.
Por ello, el IVA no se incluye en los estados de resultados para calcular el impuesto a las utilidades porque no es un gasto operacional, ni se activa con fines de depreciarlo.

1 comentario:

Arnoldo dijo...

jajaja.Buena profe. Felicitaciones por la motivación a saber más de proyectos.
Saludos de Panamá
Arnoldo