domingo, 25 de diciembre de 2016

Felices Fiestas

Como me bajó el Espíritu Navideño, le escribo un mail a mi ahijado que, afortunadamente, se había ido a pasar la Navidad con sus abuelos en la playa, deseándole una linda Navidad y un Año Nuevo donde logre al fin madurar. En la tarde me llama emocionado al celular:
- ¡Tío! gracias por su mensaje. Mi papá me obligó a llamarlo para agradecerle porque es el único que me envió saludos.
- No tienes nada que agradecerme. No sé qué me pasó que me sentí con ganas de hacerlo.
- También me dijo que prepara algunas palabras para usted- me dice con tono intrigante.
- No es necesario –le respondo con ganas de que corte para ir a ver un partido de futbol por televisión.
- ¡Es corto tío!...”Que esta noche de Año Nuevo colmen su casa la Luz, Paz, Consuelo, Esperanza y Ángeles. No es malo recibir a la Soledad ni  Dolores y contar con Rosario podemos esperar ver a Milagros”.
- Lograste emocionarme como nunca. Es más. Creo que te excediste en generosidad. Con Paz y Esperanza me siento satisfecho- le digo aún sorprendido por su emotivo mensaje.
- No tío, si llegan todas me llama y voy con mis amigos y hacemos una tremenda fiesta de año nuevo en su casa. No ve que mi papá no nos dio plata para celebrar. A ver si me las presenta y consigo que alguna se enamore de mí. Ah…Juan Carlos iría con su novia Ana María…con el resto de mi grupo ninguna niña ha accedido a salir.

Muchas veces las expectativas que nos crean los mensajes publicitarios se logran por saber decir las cosas que el cliente quiere escuchar. Caso más claro que las promesas de los políticos no hay.
Sin embargo, muchos basados en la responsabilidad social empresarial han demostrado que invertir con la verdad trae frutos, quizás en más largo plazo, pero más permanente. No así los que con publicidad engañosa (no por mentir, sino por ser parcial y sesgada) da resultados de corto plazo muy rentabas, pero cuando la gente se da cuenta que el producto recibido no es el que esperaba, el costo hace que esa ganancia se pierda tanto como una confianza que siempre es difícil recuperar.
Hacer que el cliente sepa exactamente para qué le servirá el producto y para qué no, es la mejor inversión en calidad, fidelización y credibilidad.

3 comentarios:

pablo moraga contrera dijo...

Maestro lo admiro!

Anónimo dijo...

Profesor Nassir!! Me metí a hacer una segunda carrera en economía porqué quiero ser cómo usted!! Ansío conocerlo algún día.Un abrazo!

Nassir dijo...

Estimados. Son muy generosos con sjus palabras. Un abrazo