martes, 29 de septiembre de 2009

Abogado del diablo

Me contaba mi abogado que un día falleció un ingeniero y San Pedro, por error, le envió al infierno, donde fue muy bien recibido.
Pasados unos días, cuando se da cuenta, llama al diablo y le pide le devuelva al ingeniero.
- De ninguna manera- responde el diablo- gracias a él ya tenemos aire acondicionado, escaleras eléctricas, red de telecomunicaciones y correos electrónicos, nos ha ordenado con sus procedimientos y nos hace toda más fácil.
- ¡Devuélvemelo inmediatamente o te demando!- le dice San Pedro muy molesto.
- ¿Sí? ¡Demándame!- le dice el diablo muerto de la risa- Pero dime sólo por curiosidad ¿de dónde vas a sacar un abogado?
Si bien es cierto que la mayoría de las veces debe destinarse mucho tiempo a estudiar la competencia en el mercado del producto, es decir, con quiénes se compite por un consumidor o cliente, no es menos cierto que a veces debemos preocuparnos con tanta o más dedicación al estudio del mercado de los insumos, o sea, con quiénes se compite por un insumo. El primero y más común se conoce como competencia directa, donde se investiga la estrategia comercial de quienes ofrecen hoy lo que el proyecto pretende entregar cuando se materialice. El segundo se conoce como competencia indirecta, donde se investiga a toda empresa que ocupa insumos que el proyecto podrá demandar. Por ejemplo, una universidad compite con una clínica en la búsqueda de un decano; una fábrica de mantequilla con una de helados por un espacio en las estanterías refrigeradas de un supermercado o una fábrica de mermeladas con un laboratorio farmacéutico por la pectina para espesar el producto. Aunque esté asegurada la demanda, es preciso demostrar que el proyecto podrá acceder a los insumos que requerirá.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Suegra valiente

Mi suegra habría sido una excelente emprendedora por su osadía. ¿Me creerían que era capaz de decirme en mi cara, el día de mi cumpleaños, que se me cumplan todos mis deseos?
Un emprendedor, a diferencia de un profesional, no le debe temer al fracaso sino aprender de él. El error de un médico puede significar la muerte de un paciente. Un mal cálculo de diseño puede hacer que se derrumbe un puente con todos los que circulen por él. Un académico no comprometido con la formación integral de sus alumnos, puede dañar la vida de muchas familias y generaciones. Pero un error de un emprendedor es casi una característica de aquellos que han logrado posteriormente el éxito.
Crear una empresa no es sencillo. Muchos lo intentan y muchos se quedan en el camino. Pero quien no lo intenta logra lo que observo en muchos académicos que pierden el tiempo diciendo lo que podrían hacer si no estuvieran perdiendo el tiempo.
El año 2008, en España se crearon más de 30.000 empresas de menos de 10 trabajadores de un total de más de 80.000. Los jóvenes de hoy son por definición osados, tienen iniciativa y son fuentes generadoras de ideas. Las universidades debemos potenciar estas capacidades para que en nuestra latinoamérica surjan también tantas empresas como en España. Para ello, necesitamos profesores que sean "aceleradores de proyectos", lo que exige que ellos hayan también realizado sus propios emprendimientos.

martes, 1 de septiembre de 2009

Un Ballo de Maschera

En el Gran Teatre del Liceu, de Barcelona, los actores iniciaban la ópera "Un Ballo in Maschera", de Verdi, sentados en tazas de WC simulando defecar.

Puede que esta puesta en escena sea de dudoso gusto, pero no deja a nadie indiferente. Un evaluador debe considerar qué acciones se deberán emprender para que el mercado sepa que existe, o sea, su proyecto tiene que llamar l a atención. Para ello, será fundamental definir los elementos básicos de promoción: a) Publicidad (comunica las características del producto y los beneficios de su uso para los clientes), b) Promoción de ventas (usa incentivos para estimular la adopción del producto), c) Venta personal y d) Comunicación visual.
Todas ellas involucran una inversión inicial o un gasto permanente que debe ser incluido en cualquier flujo de caja. No hacerlo, puede implicar que se subvalúen los costos o se sobrevalore la demanda.