lunes, 24 de enero de 2011

Disposición al cambio

-¿¡Qué pasó Nassir?!- me pregunta un primo cuando me ve en la calle con una señora con toda la cabeza vendada, el brazo enyesado y cogeando.
- Es que mi suegra tuvo un tremendo accidente y, con el golpe que recibió, quedó ciega y sorda.
-¡Señora María...no la reconocí con ese vendaje!- le dice estúpidamente mi primo.
- ¿No te acabo de decir que quedó ciega y sorda? Tienes que gritarle y aún así será difícil que te escuche.
- Cierto. ¡Qué buen yerno eres! así y todo sacándola a pasear.
- No seas tonto. La estoy llevando para que pida que le corten la luz y el teléfono. ¿No ves que lo pago yo?
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Cuando se evalúa un proyecto en una empresa en marcha, muchas variables que fueron importantes para el buen funcionamiento del proyecto dejan de ser relevantes cuando cuando se produce algún cambio en la situación proyectada. Lo que en un momento es imprescindible, puede ser innecesario cuando aparece una innovación o se produce un siniestro. La tecnología informática ha obligado a muchas empresas a tener que desvincular a excelentes trabajadores, siempre bien calificados, porque su sustitución por una tecnología hace más rentable (económicamente) al negocio. Lo mismo se observa con equipos médicos que, aún manteniéndose en perfecto estado, deberían ser sustituidos por por otros que posibiliten mejorar la calidad del servicio de salud, reducir las listas de espera o reducir el valor actualizado de los costos. Por eso, un emprendedor debe estar dispuesto a abandonar un buen proyecto si los recursos liberados le permiten invertir en otra opción que sea aún más rentable.