martes, 29 de octubre de 2013

De tanto saber tan poco




─ Cada vez que veo a tu  ahijado me acuerdo de José Larralde y su canción “De tanto saber tan poco” ─ le comento a mi señora cuando se retiran nuestros compadres después de compartir un asado en nuestra parcela.
─ No te entiendo─ me dice. ─ Pero me encantó verte conversando tan animadamente con él. Increíble que con 12 años pueda mantener una conversación con un adulto.
─ ¿Conversación?, fue un suplicio. Me contó que tenía una prueba sobre  la vida de Arturo Prat y que tenía problemas con el computador para bajar información.
─ ¿Y no lo ayudaste? Si tú sabes harto de computación e historia.
─ Traté, pero me rendí al segundo intento. Primero le pedí que prendiera mi computador mientras iba por un café. Al regresar me dice que mi equipo tiene el  mismo problema que el suyo, que al prenderlo le dice que “su clave es incorrecta” y que cuando escribe “incorrecta” en la clave, vuelve a repetirle cuál es su clave.


Lo único cierto es que los cambios son más rápidos que nuestra capacidad de conocerlos, entenderlos y adaptarnos. No solo cambia la tecnología, aparecen nuevos competidores, se modifican normas o disminuye la disponibilidad de insumos (como el agua), sino que también cambia permanentemente el cliente, sus intereses o motivaciones.
Al emprender un negocio se debe aceptar que la equivocación será permanente. Es parte del juego de la vida saber que cometeremos errores hasta el día de la muerte. Una vez aceptado esto, corresponde asumir una actitud proactiva: estudiar los errores para aprender a reducirlos a futuro, estudiar a la competencia para aprender qué explican sus éxitos o fracasos,  estudiar a los clientes para aprender qué quieren, cómo lo quieren, a qué precio, cuándo, dónde y en qué condiciones.
Lo anterior nos obliga a un aprendizaje permanente. Riqueza da poder y libertad. Saber es sinónimo de riqueza. El conocimiento es el capital más rico que permitirá tener el poder y la libertad para hacer mejor las cosas que emprendamos y que tendrán efecto sobre nosotros, nuestras familias (y muchas veces sobre las familias de los demás), nuestra empresa o nuestro país.

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