miércoles, 20 de febrero de 2013

Hace un tiempo, en un día de lluvia, fue a visitarme al campo mi tío que, por la edad, ya no puede conducir. Así que lo fui a esperar a la terminal de buses para llevarlo hasta mi casa distante  unos 15 kilómetros.
Cuando veo llegar el bus, me doy cuenta que es el único pasajero y, extrañamente, lo veo bajar totalmente mojado.
-¿Qué le pasó tío?- le pregunto con sincera preocupación.
-Es que me tocó el único asiento que estaba justo debajo de una gotera. Mira cómo quedé.
-¿Pero por qué no te cambiaste de lugar? 
-Pero, ¿con quién?- me responde seriamente. 

Todo lo que se hace tiene un costo de oportunidad. Es decir, por hacer algo, dejamos de hacer otra cosa, por gastar en un fin hace que no queden recursos para destinarlos a otro fin. De aquí la importancia de medir el impacto de una reasignación de recursos.
Varias autoridades municipales han señalado la importancia de contar con los mayores ingresos esperados de un reavalúo de las propiedades no agrícolas (dependiendo del pais, corresponde al impuesto territorial, inmobiliario, predial o de contribuciones), pero poco o nada sabemos de qué proyectos se financiarían con esos recursos y menos de cuánto cuestan, qué resultados se lograrían, en qué plazos se terminarían o quiénes se beneficiarían. No se puede justificar el cobro de impuestos sin ser capaz de explicar qué se hará con ellos. Una parte importante probablemente se pierda en la burocracia de un sistema público no medernizado.
Nadie cuestiona que se deba pagar un impuesto a la renta; pero nada explica que se castigue a quienes optaron por comprar una vivienda, obligándolos a pagar otro impuesto a perpetuidad por la propiedad comprada con la renta que ya fue gravada. El discurso público de la importancia de invertir por sobre la de gastar se contradice con un sistema tributario que desincentiva la inversión. La justicia y equidad tributaria no se logra cobrando por la propiedad, sino que por la renta percibida por esa propiedad.
Es fácil conseguir aplausos con el discurso de cobrar más impuestos para “ser más justos”. Pero la responsabilidad de la clase política debe centrarse en estudiar los impactos de las medidas y promover aquellas que sean mejores para el país en el largo plazo y no en pensar con qué argumentos consiguen más votos.