domingo, 29 de noviembre de 2015

El mercado femenino

 ̶ Tío ̶  me dice un apuesto joven bajándose de un Rolls-Royce último modelo con dos mujeres dignas de un monumento.
̶ Perdón. ¿Nos conocemos?
̶ Pero si soy su ahijado, el que usted me dice que debería cambiarme el nombre por Madura Bruto ̶  me responde con su inconfundible voz.
̶ ¿Pero qué te pasó? ¿Cómo cambiaste tanto? ̶  le digo pensando que podría ser una broma de alguna cámara oculta.
̶ Gracias a mi señora. Me llevó el fin de semana a ver un acantilado y mientras me decía que me acercara más al precipicio porque se veía mejor, se nos aparece un hada que le ofrece tres deseos.
̶ Mmm…y pidió este cambio para ti. Es muy sabia, pero debió pedir que te cambien el cerebro mejor.
̶ Pero si no pidió nada para mí. El hada le dijo que a mí me daría tres veces lo que a ella. Entonces pidió riqueza y soy rico. Después pidió se bella y soy apuesto. Terminó pidiendo un ligero infarto y no lo resistió. A mí me dio uno tres veces más ligero y no me pasó nada.




Una segmentación de mercado básica en cualquier estudio de un proyecto para producir un bien de consumo final debe diferenciar las respuestas por sexo. El hombre, casi siempre, es más emocional al comprar. Va por un tornillo a la ferretería y vuelve con un juego de 10 atornilladores. La mujer es, también casi siempre, más racional. Por ejemplo, no solo ve el contenido de un envase sino que piensa en que uso alternativo le podrá dar cuando esté vacío. Es como en el ajedrez, piensa varias movidas futuras. Por ello es frecuente encontrar cuestionarios breves para los varones y mucho más amplios para las damas que, muchas veces, son las que compran por los hombres.

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