martes, 23 de noviembre de 2010

El tiempo pasa...nos vamos poniendo viejos

- Cuénteme mi amor ¿cómo te fue en Guayaquil?- Me pregunta cariñosamente mi esposa cuando me va a buscar el viernes al aeropuerto.
- Súper bien. Como siempre. En Ecuador me tratan mejor que en Chile, con excepción tuya, por supuesto. Fíjate que me encontré con una ex alumna que estudió en Chile y me tomé un café con mi buen amigo Fernando Romero.
- Qué rico...pero te noto raro ¿pasó algo?- me dice preocupada.
- Nooo...es que estoy confundido. Fíjate que vi, igual que en Chile, que cada año los cadetes militares son más niñitos y los alumnos de posgrado más jovencitos.
- ¡Cómo puedes ser tan tonto!- me responde. -Ellos son de la misma edad, tú eres el que está más viejo.
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Muchas variables son las que condicionan el grado de tolerancia al riesgo en una inversión: la personalidad del emprendedor, el horizonte de tiempo de la inversión, la disponibilidad de recursos humanos, físicos y fínancieros e, incluso, la edad de quien decide.
Generalmente, los inversionistas jóvenes toman más riesgos justamente por trabajar con horizontes de tiempo largos. Por lo mismo, hay que aceptar que la tolerancia al riesgo cambia con el tiempo, lo que obliga a reevaluar el riesgo del proyecto cuando varían las circunstancias que lo determinaron en una primera instancia.
El riesgo del proyecto puede no cambiar, pero la aversión o disposición a asumirlo sí lo hacen, por ejemplo, con la edad.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Domando zapatos

-¿No te compraste los zapatos para el matrimonio de nuestro hijo?- me pregunta muy preocupada mi esposa.
-No Cristi. Los compré ayer, pero como iba a una reunión, pedí que me los guardaran. El sábado en la mañana los paso a retirar.
-¡¡¡Pero si se casa el sábado!!! Te dije que los compraras cinco días antes para que no te duelan los pies con zapatos nuevos.
-No veo dónde está el problema- le respondo con mirada de triunfo- si ayer fue lunes, para el sábado habrán pasado los cinco días.
Ahí se puso a llorar. Debe ser la alegría de ver a nuestro último hijo casado.
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En evaluación de proyectos existe un indicador financiero denominado Rentabilidad Inmediata para medir, cuando el VAN es positivo, la rentabilidad sobre la inversión del flujo de caja del primer año. Si es menor a la tasa exigida, se recomienda evaluar la conveniencia de postergar la inversión hasta que el primer flujo sobre la inversión logre la tasa exigida.
En muchos proyectos esto no sirve. Por ejemplo, si plantar árboles frutales es altamente rentable, pero los ingresos se empiezan a recibir al cuarto año, no puede postergarse la plantación, ya que el flujo también se posterga.
La Rentabilidad Inmediata debe aplicarse cuando el factor de crecimiento de los flujos futuros responde a variables externas, como la tasa de crecimiento de la población, de la cantidad de vehículos que circulen o del costo de mantenimiento de una máquina por su antigüedad.

martes, 2 de noviembre de 2010

Los 3 chiflados II (la saga continúa)

- Aló ¿Carlos? ¿Todavía crees que el posteo anterior sobre el Banco Santander fue un chiste? Acompáñame al banco y te demuestro que es cierto. Me acaban de mandar otro vale vista- le digo a un amigo por el citófono de la oficina.
- Vamos- me responde entusiasmado.
Mientras caminábamos, le muestro un Poder firmado por mí como Representante Legal de mi empresa dándome poder a mí mismo para retirarlo. El poder venía impreso en una hoja con el logotipo recién inventado por mí y con la huella digital de mi dedo pulgar al lado de la firma.
- Esto es una estupidez. ¿Cómo se te ocurre que el Banco va a recibir esto?
- Ya verás. Pero hay más. Me pedirán que firme y ponga mi huella digital para comprobar que soy yo el que digo que soy. Te apuesto un café a que pongo otra firma y coloco la huella de otro dedo y no se dan cuenta.
- Hecho- me responde con la seguridad de haber ya ganado.
Llego al banco y en Tesorería me piden el poder. Le explico que me parece raro que yo me haga un poder a mí. Ante la insistencia, le digo que tengo uno en mi maletín, pero que sigo considerando que es irracional.
- ¿Viene en papel con membrete de la empresa y con timbre?
- Papel con membrete sí, pero nosotros no usamos timbre sino la huella dactilar por seguridad. No ve que cualquiera puede mandar a confeccionar un timbre.
- ¡Qué bien!- dice con sincero y positivo asombro. -Vaya a la fila y en caja se lo darán.
Habían 43 personas antes de nosotros y solo una cajera atendiendo a quienes no somos clientes del banco (sucursal Concepción, en plena Plaza de Armas, hoy 2 de noviembre a las 12.20 horas). Antes que nos toque el turno (1 hora y 23 minutos después), le pregunto a mi amigo con qué dedo quiere que ponga la huella dactilar.
...yo te diría con "el del medio" pero te van a obligar a hacerlo con el pulgar.
Cuando me pasan el recibo, coloco una mala imitación de mi firma (claramente distinta a la de mi cédula y a la del poder) y, cuando me dice que debo estampar mi huella digital... uso "el dedo del medio". Obviamente, con los severos controles del Banco Santander, me lo entregan sin ningún problema.
(Ahora me voy a tomar un café, así que la historia continuará).
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No hay dos proyectos iguales, pero la experiencia acumulada permite a los evaluadores buscar caminos simples para resolver problemas que se pueden presentar como complejos. Por ejemplo, si para medir la rentabilidad de una inversión se utiliza alguno de los métodos de valoración de activos para calcular el valor de desecho, siempre debe incluirse la recuperación del capital de trabajo por ser parte de la propiedad que tendrá el proyecto. Como todo lo que se invierte se recupera, el efecto de un error en su cálculo sobre la rentabilidad es insignificante (solo el efecto del valor tiempo del dinero). Sin embargo, cuando se elabora un plan de negocios, su cálculo merece la máxima precisión, ya que si se determina un valor insuficiente para comprar todos los insumos requeridos, el proyecto no podrá terminar ni vender el producto.
En otras palabras, es innecesario exigirle a un estudio de viabilidad más condiciones que las relevantes para el objetivo de medir la rentabilidad, pero se le debe exigir la mayor precisión para construir el plan de negocios o el programa de implementación.